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EL ESTADO Y LOS POLITICOS

Por Rogelio Reategui - 23 de Julio, 2007, 20:54, Categoría: General

23-07-2007

EL ESTADO OPRIME Y LOS POLITICOS ENGORDAN

Una población que es dueña de un territorio y heredera de tradiciones con historia  objetivos comunes, necesita encuadrar la vida de las personas, de los grupos y de la sociedad, en normas de convivencia; en otras palabras, tiene que organizarse jurídicamente en Estado.

El cumplimiento de norma requiere poder que imponga, controle e implemente. Dicho poder radica en la sociedad. Como todos no pueden tener el mando; el pueblo delega su poder a unas cuantas personas para que lo ejerciten en lo que llamamos la democracia representativa, vigente en el Perú, donde por delegación tenemos un gobierno que es quien dicta las leyes, vigila su cumplimiento y sanciona a los infractores.

Para que el gobierno no sea antojadizo y dictatorial se establecieron los poderes del estado, independientes entre ellos, para que permitan el funcionamiento de un mecanismo en manos de la sociedad que controle el uso de poder por los funcionarios del gobierno.

Pero los partidos políticos peruanos a través de sus dirigencias menoscaban, desvirtúan o hacen desaparecer la independencia y toman el poder en sus manos sucias. Si están en el gobierno, impiden el control y si están en la oposición, quieren controlarlo todo para imponer sus intereses, sin importar los medios 

La democracia representativa, deviene con esta práctica en una lucha por el poder entre dirigencias, donde la sociedad solo es el sustento pero sin beneficio.

Lourdes Flores de la extrema derecha liberal, enemiga de Hugo Chávez, con quien tuvo enfrentamiento verbal candente durante la pasada campaña electoral; esté aliada ahora con Ollanta Humala del partido nacionalista para acatar e implementar las directivas de su encarnizado  enemigo venezolano que no duda en llamarla representante de la vieja oligarquía entreguista del Perú.

La partidocracia protagoniza tropelía y media, festina con el poder, hacen alianzas contranatura con características de escándalo, por eso fueron abandonados por el pueblo que dejó a los partidos enclenques.

Esto sucede porque a Lourdes Flores y su grupo, Unidad Nacional, al igual que los demás grupos de dirigentes políticos solo buscan aprovecharse del Perú para defender intereses particulares a partir de cuotas de poder sea como gobierno o como controladores del gobierno.

Se va al tacho la independencia de poderes y con eso todos pasamos a depender exclusivamente de las dirigencias partidarias encaramadas tanto en el oficialismo como en la oposición.

Frente a esta degeneración del estado, surge el descontento popular que abre canales de expresión para decir aquí estoy y también existo; pero de nuevo se meten los políticos que no ganan elecciones, para encabezar las protestas y tomar su cuota de poder. Son las dirigencias populares y sindicales que tampoco se interesan por el pueblo sino por acumular fuerzas que en el futuro les permita su acceso al gobierno.

Una forma simplista de resolver tamaño desorden es la supresión del estado adoptada por corrientes anarquistas; pero eso tampoco es solución porque finalmente el desorden es mayor.

La solución a esta situación compleja, de ninguna manera puede ser simple, pero un buen comienzo es desenmascarar la hipocresía y la traición al pueblo y a la patria que perpetran los líderes de barro como Javier Pérez de Cuellar, Nicolás de Piérola, Ramón Castilla, los dueños de grandes y medianas ONGs y todas dirigencias políticas y gremiales que sin excepción se empeñan en destruir al Perú; pero no lo consiguen del todo, porque el pueblo del Perú es incomensurablemente grande.

Rogelio Reategui

e-mail

revistaepoca@terra.com

EL ESTADO OPRIME Y LOS POLITICOS ENGORDAN

Una población que es dueña de un territorio y heredera de tradiciones con historia  objetivos comunes, necesita encuadrar la vida de las personas, de los grupos y de la sociedad, en normas de convivencia; en otras palabras, tiene que organizarse jurídicamente en Estado.

El cumplimiento de norma requiere poder que imponga, controle e implemente. Dicho poder radica en la sociedad. Como todos no pueden tener el mando; el pueblo delega su poder a unas cuantas personas para que lo ejerciten en lo que llamamos la democracia representativa, vigente en el Perú, donde por delegación tenemos un gobierno que es quien dicta las leyes, vigila su cumplimiento y sanciona a los infractores.

Para que el gobierno no sea antojadizo y dictatorial se establecieron los poderes del estado, independientes entre ellos, para que permitan el funcionamiento de un mecanismo en manos de la sociedad que controle el uso de poder por los funcionarios del gobierno.

Pero los partidos políticos peruanos a través de sus dirigencias menoscaban, desvirtúan o hacen desaparecer la independencia y toman el poder en sus manos sucias. Si están en el gobierno, impiden el control y si están en la oposición, quieren controlarlo todo para imponer sus intereses, sin importar los medios 

La democracia representativa, deviene con esta práctica en una lucha por el poder entre dirigencias, donde la sociedad solo es el sustento pero sin beneficio.

Lourdes Flores de la extrema derecha liberal, enemiga de Hugo Chávez, con quien tuvo enfrentamiento verbal candente durante la pasada campaña electoral; esté aliada ahora con Ollanta Humala del partido nacionalista para acatar e implementar las directivas de su encarnizado  enemigo venezolano que no duda en llamarla representante de la vieja oligarquía entreguista del Perú.

La partidocracia protagoniza tropelía y media, festina con el poder, hacen alianzas contranatura con características de escándalo, por eso fueron abandonados por el pueblo que dejó a los partidos enclenques.

Esto sucede porque a Lourdes Flores y su grupo, Unidad Nacional, al igual que los demás grupos de dirigentes políticos solo buscan aprovecharse del Perú para defender intereses particulares a partir de cuotas de poder sea como gobierno o como controladores del gobierno.

Se va al tacho la independencia de poderes y con eso todos pasamos a depender exclusivamente de las dirigencias partidarias encaramadas tanto en el oficialismo como en la oposición.

Frente a esta degeneración del estado, surge el descontento popular que abre canales de expresión para decir aquí estoy y también existo; pero de nuevo se meten los políticos que no ganan elecciones, para encabezar las protestas y tomar su cuota de poder. Son las dirigencias populares y sindicales que tampoco se interesan por el pueblo sino por acumular fuerzas que en el futuro les permita su acceso al gobierno.

Una forma simplista de resolver tamaño desorden es la supresión del estado adoptada por corrientes anarquistas; pero eso tampoco es solución porque finalmente el desorden es mayor.

La solución a esta situación compleja, de ninguna manera puede ser simple, pero un buen comienzo es desenmascarar la hipocresía y la traición al pueblo y a la patria que perpetran los líderes de barro como Javier Pérez de Cuellar, Nicolás de Piérola, Ramón Castilla, los dueños de grandes y medianas ONGs y todas dirigencias políticas y gremiales que sin excepción se empeñan en destruir al Perú; pero no lo consiguen del todo, porque el pueblo del Perú es incomensurablemente grande.

Rogelio Reategui

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revistaepoca@terra.com